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Fotografía de Núria Manchado

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«El nacimiento de Cajal. Un grito por la ciencia» por José Ramón Alonso

Esta historia empieza hace unos cuarenta años. Otros muchachos tenían otros vicios, pero a mí no me llegaba para tabaco porque el poco dinero que reunía lo gastaba en libros. Desde luego, es más sano. Tenía que elegir muy bien, leía mucho en la biblioteca pero los que compraba eran especiales, no me bastaba con leerlos, esos tenía que poseerlos. Y así adquirí los Recuerdos de mi vida de Santiago Ramón y Cajal. Lo forré y lo fui leyendo en uno de esos largos agostos de Castilla, cuando la biblioteca cerraba. Todavía lo tengo. Cajal fue un descubrimiento, un muchacho español que mediante su esfuerzo había conseguido estar en la frontera de la ciencia, ser un pionero del estudio del cerebro, hacer unos descubrimientos espectaculares a base de tesón y honestidad, un ejemplo para un chico que quería estudiar Biología. Cajal escribía con claridad y seriedad, contaba la verdad sin tapujos y defendía cosas en las que creo, que en España se puede hacer ciencia, que lo necesitamos para progresar y tener un buen futuro, que es algo que falta en nuestra cultura, tan rica en artistas y literatos, y que no somos una raza negada para la investigación.

He seguido comprando libros sobre él, tengo toda una balda de la estantería del sótano para Cajal. Libros escritos por él o sobre él. Es el único tema en el que soy un bibliómano. Y repasando todos ellos, algunos excelentes, pensaba que algo faltaba, una visión más moderna, no un texto hagiográfico que le subiera a los altares sino un relato veraz que manifestara su fuerza y sus flaquezas, sus esperanzas y sus enfados, porque no era un superhombre, sino uno de nosotros, un español que encontró su camino.

Cuando empecé a escribir el blog jralonso.es pensaba que tenía que compartir esa pasión, tenía que explicar porqué Cajal merecía la pena, porqué los jóvenes debían redescubrirlo, porqué tenía para todos un mensaje necesario en el siglo XXI. Tuve la alegría de que conocidos y desconocidos llegaron a conocer la vida y obra de don Santiago por esos pequeños textos. Hablaba de su obsesión por el deporte o la fotografía, de la guerra de Cuba o su descubrimiento por los científicos alemanes, historias que merecen la pena conocerse.

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Algunos temas del blog crecen para convertirse en algo más serio. Y en un momento surgió la oportunidad de hacer un libro sobre Cajal, pero tenía que estar a la altura del personaje. Todo tenía que estar cuidado y cada frase pesaba. No podía ser una enciclopedia ni algo ligero, tenía que llevar ilusión, compromiso con la ciencia. Siempre soy consciente de mis carencias y pensé que solo no podía con esa tarea, hay una persona que sé que comparte esa pasión cajaliana, que sabe más que yo, al que admiro y aprecio también desde hace décadas, Juan de Carlos.

No es fácil escribir un libro a cuatro manos, pero estaba seguro de que con Juan merecería la pena. Le pregunté y en una respuesta que me dio muchísima alegría, me dijo que sí. Ha sido un honor y un placer hacer este libro con él. Hemos discutido y hemos sumado, hemos cuidado los detalles, el rigor en el texto y la calidad de las imágenes, hemos peleado por el título y hemos querido que el lector se maraville con este hombre como nos ha sucedido a nosotros. Ese mismo cuidado habría puesto el propio Cajal, como hacía con toda su obra.

Un libro es una obra de muchos. Oihan y Laura tuvieron paciencia con estos autores exigentes que querían reproducciones del tamaño exacto y revisaban el estilo de la tipografía. Supieron que este libro era especial y se entusiasmaron con el proyecto igual que nosotros. Xavier y otras personas aportaron su experiencia y su trabajo. Gracias a todos.

Y gracias a ti, lector. Este libro es para ti. Cajal es uno de los tuyos, uno de los nuestros. En una época difícil hemos querido que sea también una reivindicación de la ciencia española, porque su semilla sigue viva y las jóvenes generaciones de científicos deben pensar que él fue como ellos, cargado de ilusiones, rodeado de dificultades, dispuesto a dejarse la piel, ambicioso y honesto, un patriota en un ambiente hostil, un obrero de la ciencia, un apasionado del dibujo y las neuronas, un luchador que se cargó sobre las espaldas llevar la ciencia española del siglo XVI al XX y lo logró, un español que cruzó el desierto investigador de este país apretando los dientes y no dando jamás ni un paso atrás. Cajal, un grito por la ciencia.

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Fotografía de Núria Manchado

«Juan encuentra a Cajal» por Juan A. de Carlos

Mi primer contacto con Cajal fue muy tardío, pues ya había terminado la carrera de Ciencias Biológicas. Por aquel entonces, influenciado por uno de mis mejores amigos, me apunté a una asociación de extras de cine para hacer figuración en películas y sacar un dinerillo para nuestros gastos. Pero aconteció que, en ese año de 1982, José María Forqué dirige una serie para TVE sobre Santiago Ramón y Cajal, donde se cuenta conmigo para el rodaje de varias escenas. Por supuesto que yo sabía quién era Cajal y había estudiado sus principales teorías sobre el sistema nervioso, pero mi conocimiento sobre él era muy limitado y nunca le había dado más importancia que a otros científicos que se paseaban por mis libros de texto. Puedo asegurar que trabajar en el rodaje de esa serie me hizo interesar por Cajal y visitar el pequeño museo que existía sobre él en el Instituto Cajal. Como si estuviese predestinado a que Cajal ya no saliera jamás de mi vida, conocí a una estudiante de biología que trabajaba en ese Instituto y que al cabo de pocos años se convertiría en mi mujer. Ella se encargó de meterme el gusanillo por el sistema nervioso y por don Santiago, hasta tal punto que decidí hacer un doctorado en neurociencia. Esto hizo que aprendiese mucho sobre el sistema nervioso, pero también que me apasionase por Cajal. Pero la cosa no acabó ahí, dado que en el transcurso de mi tesis conocí a Santiago Ramón y Cajal Agüeras, sobrino biznieto de don Santiago, que por aquel entonces realizaba el MIR en Anatomía Patológica, y nos hicimos muy amigos. Amistad que perdura hoy día y al que agradezco que haya prologado este libro que ahora ve la luz. De la mano de Santiago conocí a prácticamente toda la familia Cajal, tanto descendientes de Santiago, como de su hermano Pedro, lo cual hizo aumentar mis conocimientos sobre Cajal y su entorno, pues empecé a conocer anécdotas y chascarrillos familiares, de esos que no vienen en los libros. Hubo otro hecho que enriqueció mucho mi conocimiento sobre Cajal cuando, acabado mi postdoc en USA, regresé a trabajar al Instituto Cajal y me presenté a las obligadas oposiciones de funcionariado. Cuando las conseguí, tardé 8 meses en tomar posesión de mi plaza (cosas de la administración española), pero afortunadamente, la dirección del Instituto Cajal me ofreció un contrato para realizar un trabajo específico. Cuando se trasladó el Instituto a su nueva sede, el museo Cajal se deshizo y todas las valiosas pertenencias se habían guardado en un cuarto. Ahora, se había firmado un convenio para recuperar todo ese material y abrir un museo en condiciones. Se requería hacer un informe detallado de todas las cosas de Cajal que se custodiaban y de su estado de conservación, para hacer realidad dicho museo. Y este fue el trabajo que se me encargó. Durante 5 meses pasaron por mis manos todas y cada una de las piezas que conforman el Legado Cajal. Tuve la oportunidad de estudiarlas y de describirlas y puedo asegurar que disfruté y aprendí muchísimo. Ese trabajo quedó reflejado en un extenso informe que luego no sirvió de mucho, pues aquel convenio acabó abortado y nunca se volvió a abrir un museo Cajal. Yo acabé tomando posesión de mi plaza de científico en el Instituto Cajal y establecí mi laboratorio. Años después, mi amigo Santiago y su padre me animaron a escribir un libro científico-biográfico sobre la familia Ramón y Cajal. Para ello, se me proporcionó toda la información que necesité, y ese libro vio la luz en 2001, editado por la Dirección General de Aragón. Pero aquí tampoco acaba mi relación con Cajal, pues unos pocos años después se me encarga por la dirección del Instituto, la gestión y conservación del Legado Cajal, cosa que realicé por más de 10 años, donde enseñé, expliqué y divulgué el trabajo y la memoria de Cajal. Y últimamente, cuando más tranquilo estaba yo en mi laboratorio, me llama mi amigo José Ramón Alonso y me propone escribir un libro sobre Cajal, así, de repente, a cuatro manos. No me lo pensé demasiado y le dije que aceptaba de inmediato. A mí no hay que insistirme demasiado cuando de Cajal se trata y esta vez llevaba el aliciente incorporado de que iba a escribirlo nada menos que con José Ramón, gran divulgador de la ciencia, neurocientífico y admirador de Cajal como pocos. El éxito estaba asegurado. José Ramón me introdujo a Laura Morrón, la persona que se iba a encargar de la publicación del libro, y ésta al resto del equipo de Next Door Publishers. El resultado del trabajo conjunto está a la vista. Esperamos que sea un éxito porque hemos querido hacer un libro para todos y no solo para científicos; para eso ya hay mucho escrito. En este libro se cuenta la vida de Cajal y se describen sus principales descubrimientos. Profusamente ilustrado con fotos y dibujos originales, muchas de ellas procedentes del Legado Cajal y cedidos por el Instituto Cajal (CSIC) para este fin, dan pie para contar las peripecias de un joven Santiago que sin mucho entusiasmo decide estudiar medicina. Y en este libro hemos querido dar explicación a muchos porqués. Por qué estudia medicina; por qué decide dedicarse a la investigación sobre el Sistema Nervioso (que entonces no estaba de moda); por qué se le conoce por Cajal, su segundo apellido, y no por Ramón, el primero, como marcan los cánones; por qué cuando su padre fallece, Santiago no se hablaba con él, ¿a qué se debía su enfado?; por qué su enfado con Camilo Golgi, el científico italiano con el que comparte el premio Nobel…En fin, una larga lista de preguntas que van a encontrar respuesta en este libro, porque, aunque sobre Cajal se han escrito ríos de tinta, prometemos que en este nuevo libro, hay datos inéditos. Tanto José Ramón como yo queremos dedicar este libro a la Ciencia española, que tan poco apoyo tiene últimamente. Cuando Cajal empieza a hacer investigación la España que lo acogía era totalmente hostil, pues ni conocía ni entendía sus trabajos. Cajal luchó infatigablemente para introducir la Ciencia y la Cultura en España. No permitamos que todo lo que él consiguió y la gloria que dio a España enarbolando un microscopio, se pierdan por una mala gobernanza de nuestras clases políticas. Por esto, este libro es para todos, es un grito por la Ciencia, para que aprendamos quién fue y qué hizo Cajal, y que lo que logró no se pierda, sino que, si es posible, se multiplique. Disfrútenlo.

¡NO TE QUEDES SIN TU EJEMPLAR!